No hay nada más gratificante, más puro, más completo que hacer un logotipo. Este proceso es el momento de más responsabilidad para todos los diseñadores, por lo tanto no podemos tomar este trabajo a la ligera.

Cuando un cliente nos encarga un logotipo, no está pidiendo un trabajo como cualquier otro. Nos está pidiendo que diseñemos algo que la empresa va a llevar puesto mientras esté en pie. Algo que le va a representar allí donde vaya. Nos está pidiendo que le tatúes una idea en lo más profundo de su piel.

Los clientes también debería de reflexionar. Tienen que pensar muy bien a quién le hacen este encargo, ya que el resultado será su imagen ante el mundo.

Cuántas veces hemos encontrado logotipos hechos por los propios clientes, o hemos visto a otros que dicen: “Que me lo haga X, que no me cobra…”. Algo, tristemente, demasiado común. Si supieran lo importante que es este punto para el buen funcionamiento de su empresa, seguramente se lo replantearían.

A la hora de crear un logotipo debemos de intentar sacar toda la información que podamos sobre el cliente. Hay que saber sus gustos ya que un logotipo, además de funcionar, tiene que gustar, por o tanto, preguntas como: ¿Cuál es su color preferido? ¿Qué logotipos de otras empresas le gustan? ¿Dónde le gustaría ver plasmado su logotipo?, son seguras en una primera instancia del trabajo. Con toda esa información podremos trabajar en la mejor opción posible.

Cuando diseñamos un logotipo, estamos asumiendo un papel de mucha responsabilidad y lo valoramos en todo los sentidos.

Hemos decidido escribir este post ya que, mirando las carpetas de trabajos de este año, nos dimos cuenta de que han sido un montón las empresas que han depositado en Ocre esta responsabilidad. Y la verdad, estamos muy orgulloso y agradecidos de que nos hayan dado su confianza.

Este artículo está dedicado a ellos.